Ser mamá es todo un reto, y más en estos tiempos en los que estamos expuestas a tanta información, consejos contradictorios y modelos “perfectos” en redes sociales. Entre tanto ruido, es normal que nos preguntemos si estamos haciendo bien nuestro papel… y sí, también es normal que nos asuste equivocarnos.
Pero si alguna vez te has hecho esta pregunta, significa que te importa, que estás presente y pendiente de tus hijos y, sobre todo, que deseas hacer las cosas con amor.
Ser madre no es fácil, principalmente en esos momentos en los que nuestros hijos hacen berrinche y nada parece calmarlos, en esos días donde estamos a punto de perder la paciencia y todo nos rebasa.
En esos instantes hay algo que puede ayudarte: respirar profundo y recordarte que eres “deliciosamente imperfecta”.
Nuestros hijos aprenden de lo que hacemos, mucho más que de lo que decimos. Si les pedimos que no griten, intentemos no gritar. Si les enseñamos a no pegar, que nuestro ejemplo también sea pacífico. Ese reflejo constante les dará las herramientas para, con el tiempo, tomar mejores decisiones por sí mismos.
Educar no es dejar que hagan lo que quieran, tampoco es controlarlo todo. Es acompañarlos, poner límites con amor y asumir con firmeza que a veces toca tomar decisiones por ellos -aunque no siempre les gusten- porque aún están aprendiendo.
Y sí, a veces dudarás. Porque ser mamá no es hacerlo todo perfecto, sino estar ahí con amor, seguir aprendiendo y crecer junto con ellos.
Así que, si hoy te preguntas: “¿Lo estoy haciendo bien como madre?”, recuerda con fuerza: Lo estás haciendo mejor de lo que crees.