Educar a los hijos es acompañarlos, guiarlos, cuidarlos, amarlos durante su desarrollo, hacerlo con cariño y dedicación les ayudará a ser personas emocionalmente equilibradas. Nuestra labor como madres y padres incluye establecer límites claros, que son las herramientas que, junto con las normas y las reglas, se convertirán en nuestros apoyos y grandes aliados de educación.
Los límites son como como la cerca, puertas y ventanas de una casa, dentro de la cual los niños pueden crecer y desarrollarse libremente. Esa cerca no debe ser tan pequeña que les impida moverse con libertad, ni tan grande como para que no sepan hacia dónde dirigirse. Si tu hogar no tuviera ni puertas ni ventanas, cualquier persona podría entrar sin permiso. Por eso es necesario poner límites desde un principio, para así evitar problemas.
Debemos establecer reglas claras de acuerdo a la edad de cada niño, sin necesidad de usar la violencia ni la agresión física o verbal, ser constantes y no cambiarlas, pues los niños podrían confundirse con facilidad si un día les damos una instrucción y al otro la modificamos. Respetar los horarios es evitar conflictos cotidianos con nuestros hijos.
No podemos renunciar a aplicarlas cuando estamos cansados, estresados, porque es fin de semana o porque sentimos culpa, por no estar con ellos debido al trabajo o a todas las actividades que realizamos durante la semana.
Los niños que son educados con límites amorosos crecen también en autoestima, son los que tendrán un futuro más saludable y reaccionarán positivamente a la guía de sus padres.
Ale Velasco